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Buenos Aires, octubre 2016

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La transición escuela – trabajo y el camino de los jóvenes hacia un trabajo digno, de calidad se ven seriamente afectadas por un conjunto de variadas problemáticas cuya profundidad y complejidad viene aumentando en la región año tras año, al menos durante las últimas 3 décadas.
La incidencia del tema es significativamente mayor en los segmentos que sufren situaciones de exclusión social y en las mujeres.

La actual problemática es profunda y muy grave y afecta el presente y el futuro de los jóvenes y el de toda la sociedad.

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Son varios los factores que se fueron distorsionando durante las últimas décadas y que deben ser necesariamente corregidos. Como consecuencia de todo ello la desocupación del segmento jóvenes es actualmente entre 3 a 4 veces mayor que la tasa del segmento adultos.

El índice de empleo informal es casi el doble: 33% en adultos, 58% en jóvenes.
Sólo el 20% de los jóvenes de Latinoamérica tiene un trabajo formal y digno.

Los salarios promedios que se pagan para desempeñar una misma función son entre 30 y 40% menor para los jóvenes que para los adultos y las dificultades para mantener el empleo son también significativamente mayores en el segmento joven.

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Los abordajes intentados para neutralizar el problema han sido en general dispersos, parciales y discontinuos. Ello originó resultados poco efectivos que no evitaron el continuo agravamiento de la situación.

Hay buenos diagnósticos pero pocas acciones realmente efectivas. El Estado, las ONGs especializadas en empleo joven, organismos internacionales y algunas organizaciones sindicales, fueron durante los últimos años los protagonistas más activos, ofreciendo, en algunos casos, programas puntuales que se focalizan en uno o dos aspectos de la problemática y en otros casos -los menos- programas más integrales con resultados más concretos y efectivos.

Sin embargo, la dimensión del problema -millones de jóvenes afectados- minimizó los resultados obtenidos a través de los programas hasta ahora implementados.
La tendencia del empleo joven inclusivo es claramente negativa en Latinoamérica.

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El puente que debiera unir a la escuela con el mundo del trabajo muestra serias deficiencias en ambas cabeceras.
La educación formal de los chicos y jóvenes de Latinoamérica es inadecuada para el mundo de hoy:

  • Sistemas pedagógicos, metodologías, contenidos y recursos humanos desactualizados producen un muy bajo nivel de aprendizaje.
  • La deserción escolar es muy alta. Más del 60% de los jóvenes de Latinoamérica no completan hoy la escuela secundaria. En el segmento de familias de bajos recursos ese índice supera el 80%. Millones de jóvenes migran del sistema educativo y difícilmente podrán eludir un futuro de exclusión y pobreza.
  • La calidad educativa en general y la de la escuela pública en particular, viene en franco declive desde hace años.
  • La ausencia de formación para el trabajo y en habilidades blandas y socioemocionales deja a los jóvenes desconectados con el mundo y la cultura del trabajo.

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La cabecera del trabajo no ofrece, en general, una acogida positiva para los jóvenes:

  • Muy alta proporción de trabajo informal en la oferta dirigida a jóvenes, principalmente en el segmento pyme.
  • Enfoque empresarial excesivamente utilitario hacia el empleo joven inclusivo.
  • Bajo interés de los empleadores en la contratación y el desarrollo de jóvenes de primer empleo.
  • Salarios por debajo del promedio del segmento adulto para iguales tareas.

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Otros importantes factores básicos influyen sobre el empleo joven inclusivo:

  • La inestabilidad económica y la falta de desarrollo de las estructuras productivas afectan seriamente las posibilidades de los jóvenes. Países que no crecen, muy difícilmente puedan crear nuevas oportunidades de trabajo masivo decente.
  • Los sindicatos deberían estar necesariamente involucrados en la formulación y en la gestión de la política del empleo joven inclusivo. Por otro lado, se esperaría de parte de ellos una actitud menos confrontativa y una mayor vocación a la innovación y el cambio.
  • Una legislación laboral desactualizada, no estimulante al empleo joven con algunos sectores políticos y gremiales que se resisten a actualizar las leyes.

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A pesar de las limitaciones de escalabilidad que generalmente tienen, algunas ONGs demostraron ser excelentes laboratorios para el desarrollo y prueba de programas que pueden ser referentes para políticas públicas. Estas organizaciones, que son usinas imprescindibles para alimentar futuros proyectos de más amplio alcance, deben ser estimuladas y financiadas.

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El empleo joven inclusivo requiere un nuevo y renovado abordaje integral. Esto es así en todos los países de la región.

Un abordaje público-privado del cual deben participar todos los sectores involucrados con el tema: Estado, políticos, educadores, empresarios, sindicatos, ONGs especializadas, investigadores, profesionales de recursos humanos y organizaciones de la juventud, entre otros.

Para el caso de Argentina, se propone la creación de un Consejo u Observatorio Nacional para la formulación de una política de Estado sobre el empleo joven inclusivo y para el diseño y ejecución de un plan de acciones con objetivos a corto, mediano y largo plazo, posiblemente bajo la órbita del Ministerio de Trabajo de la Nación.

Contemplar pasivamente lo que hemos sabido conseguir en este campo, es abrir aún más la puerta hacia la desocupación juvenil que es como decir la puerta hacia la droga, la violencia, la delincuencia, el caos social.

Debemos reconocer la exclusión. Sentir vergüenza por ello y trabajar para la inclusión, y no hay nada más inclusivo que un empleo socialmente útil.
Incluir incorporando a los jóvenes a la producción, no distribuyendo dinero. Incluir con dignidad.

El empleo joven inclusivo debe figurar por siempre en la agenda roja de todos los gobiernos de la Región. Es una prioridad estratégica que exige la participación de todos los sectores involucrados con un único propósito, transformar la sociedad a través de la cultura del trabajo.

Millones de jóvenes en situación de riesgo nos necesitan.
No podemos fallarles.